Excursión a pie por el norte de Rantepao: de Palawa a Batu Tumonga. Dejamos el equipaje a recaudo del hotel y reservamos una habitación para la vuelta.
A las 8:30am cogimos un microbus público que nos llevó (a Aitor, a Vic, al guía y a mi) a la terminal de Rantepao, donde cogimos otro que nos dejó en algún lugar al norte de Tana Toraja, cerca de un pueblo llamado Palawa (entrada 10.000Rp), donde visitamos la casa toraja de una vendedora de recuerdos.
La vivienda estaba en la parte de arriba de la casa, a la que se accedía desde el exterior por unas estrechas escaleras. Estaba formada por tres estancias: una sala central, la más amplia, donde se hace vida y se cocina, otra sala al frente de la casa y una tercera en la parte de atrás, que era el dormitorio, con un colchón directamente sobre el suelo.
Pasamos por aldeas y granjas escondidas y pintorescas, con sus casas de madera pintadas, presididas por ristras de cornamentas de búfalo, a cuál más enorme, y sus graneros dispuestos en hilera, paralela y enfrentada a las viviendas y como estas, también minuciosamente decorados. Todas las construcciones, coronadas con esos impresionantes tejados. Gallinas y polluelos por todas partes.
La primera parte del camino transcurrió por caminos más o menos protegidos del sol por la vegetación. Pasamos por zonas de bosque, algunas de bambú, altas, frescas y oscuras, que me recordaban a catedrales góticas. Luego atravesamos campos de arroz, de diferentes tipos, con distintos tonos de verde y amarillo, salpicados por enormes piedras negras como si fueran meteoritos caídos del cielo. Había gente (no mucha) trabajando en grupos, especialmente mujeres, aquí y allá, cortando espigas de arroz y haciendo pequeños hatillos con ellas, que iban almacenando en montones sobre las rocas. Al pasar cerca nos pedían dinero o caramelos a cambio de hacerles fotos. John nos informó que por cada 10 hatillos de arroz que se quedaba el dueño de la tierra, el trabajador se llevaba 3 y esa era la forma de pago.
Comimos junto a un río a mitad de camino, los menús individuales que John llevaba en su mochila para nosotros, a base de pollo, arroz, verdura y platanitos. Cuando terminamos, metimos los plásticos en una bolsa, con la idea de llevárnoslos a la población más cercana. Pero John, con toda parsimonia y naturalidad, como seguramente lleva haciendo desde siempre, colocó la bolsa bajo una piedra, buscó vegetación seca y le prendió fuego. Nos miramos unos a otros con cara de alucine, pero pensándolo bien, es una forma efectiva y "limpia" de deshacerse de la basura, pues aquí no hay donde dejarla, ni siquiera en los pueblos, y luego comprobamos que es la manera habitual que tienen de proceder. Hay hogueras por todas partes y donde la basura no se quema, queda acumulada o esparcida...
Llegamos a Batu Tumonga bastante cansados y sudorosos. Nos alojamos en un hotel cuyas habitaciones eran un conjunto de casas toraja diseminadas por un desaliñado y bonito jardín. Nuestra casa tenía una estancia diáfana con 4 colchones en el suelo, con mantas finas (200.000Rp/noche). El alojamiento era superbásico pero nos gustó mucho. Baño compartido en el jardín, bastante cochambroso (terminamos usando el que estaba en el comedor), cena y desayuno incluidos. Las vistas desde la terraza del comedor, sobre los campos de arroz, espectaculares, y también desde el jardín, donde pudimos divisar Rantepao a lo lejos. Vimos el atardecer reflejado en los arrozales, que fueron cambiando de tonalidades a medida que cambiaba el cielo y la luz se iba. ¡¡¡Un postalón!!!
La cena nos pareció deliciosa, a base de diferentes platos típicos. Y el desayuno también (crepés de plátano y fruta fresca con café o te). Ambos incluidos en el precio.
RECOMENDACIONES:
* Equipaje para el trekking: neceser básico, flip flops (especialmente para entrar en el servicio), repelente de mosquitos, frontal (se fue la luz un par de veces).
* Lleva un saco sábana si eres aprensivo/a con el tema de la ropa de cama. Nosotros lo echamos de menos, tanto porque la limpieza nos pareció sospechosa, como por el fresquillo nocturno.
* Lleva buen calzado, cerrado y con suela que no deslice, porque seguramente haya barro y el terreno resbala bastante en algunas ocasiones.
* Lleva caramelos para cambiar por fotos a las mujeres que trabajan en los campos de arroz.
* Lleva ropa de abrigo para la noche, que refresca bastante.
* Lleva un saco sábana si eres aprensivo/a con el tema de la ropa de cama. Nosotros lo echamos de menos, tanto porque la limpieza nos pareció sospechosa, como por el fresquillo nocturno.
* Lleva buen calzado, cerrado y con suela que no deslice, porque seguramente haya barro y el terreno resbala bastante en algunas ocasiones.
* Lleva caramelos para cambiar por fotos a las mujeres que trabajan en los campos de arroz.
* Lleva ropa de abrigo para la noche, que refresca bastante.
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