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viernes, 26 de agosto de 2016

PANGLAO-CEBÚ


Viajamos a Cebú en nuestro camino de vuelta, rumbo a Manila donde pondríamos fin a nuestro viaje.


Tras un chapuzón mañanero en la piscina, con rescate de un cangrejo que corría por el fondo, desayunamos unos bollos con café que habíamos comprado el día anterior, recogimos y nos marchamos al hotel de Tagbilarán para recoger las mochilas y dejar la moto. Y de allí andando al puerto para coger el barco a Cebú. En seguida embarcamos en el que salia a las 9:20h. Cometimos el "error" de facturar el equipaje, porque en esta ocasión no era necesario. Fue la inercia de ver los mostradores y no pensarlo, lo que nos costó 200PHP (los 2) + 800PHP (los 2). El viaje duró 2h cortas.

En Cebú cogimos un taxi (87PHP) que nos llevó al Kiwilodge Hotel (que habíamos reservado el día anterior): habitación espaciosa doble con baño, AC, wifi y TV. Nos pareció muy correcta. El comedor y zona común es fresca, amplia, abierta y está a pié de calle. Tiene billar. Es muy cómoda.

Estos últimos días (desde que llegamos a Bohol) pasamos mucho calor, más que en el resto del viaje, lo que nos cansó más de la cuenta, con una sensación continua de pringue y sed.

Comimos en el hotel, nos duchamos y salimos hacia la Basílica del Santo Niño, que es de lo más famoso que tiene Cebú. De hecho, los viernes, como hoy, se cortan al tráfico las calles que la rodean y se da una misa "multitudinaria" al aire libre, a la que asisten, entre otros, peregrinos que llegan para visitar la pequeña figura del Niño.



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jueves, 25 de agosto de 2016

PANGLAO

Salimos temprano hacia la playa Doljo y desayunamos en el único resort que encontramos abierto, donde medio "acampamos" durante toda la mañana. Aprovechamos y dejamos la moto aparcada dentro del resort, esperando que el guarda de seguridad nos la hiciera sacar de allí, en cualquier momento, pero no fue así.

La marea estaba muy baja, pero utilizamos un muelle flotante del superresort que hay allí plantado y que entra en el mar los metros suficientes como para poder meterte y nadar sin rozar las algas o tocar el fondo. Tuvimos que nadar unos metros más mar adentro para llegar a una zona con suficiente profundidad para estar cómodos. Por el camino vimos un montón de preciosas estrellas de colores que iban del naranja al crema, con cuernos en la corona central. Y por fin llegamos a una zona con algo de coral poblado de peces de diferentes colores. Eran como islas-acuario, muy bonito y la transparencia del agua y la luz del sol que se filtraba ayudaron a recrear esos pequeños mundos mágicos.

La playa me gustó mucho. Es de arena blanquísima, tiene árboles que dan frescas sombras y tiene resorts, pero estaban aletargados y a una distancia de la orilla. Había muchas bangkas, pero no molestaban, al contrario, daban un aire pesquero y tradicional a la playa. Y en general, poca gente (y menos turistas). Desde luego ¡¡¡me gustó mucho más que Alona!!! Si lo que buscas es tranquilidad y paisajismo, esta es tu playa. Si buscas ambiente, ligoteo y diversión, mejor Alona.



Comimos en el resort de la playa unos cangrejos y calamares con arroz que nos encantó. Muy Recomendable.


Sobre las 15h volvimos al hotel, nos dimos un chapuzón en la piscina y nos relajamos... y ya de noche, nos acercamos a la iglesia de San Agustín, que estaba de fiesta: noria, barco pirata, juegos de azar, comida... y mucho ambiente, pero en seguida lo recorrimos así que buscamos un sitio donde cenar que fue un restaurante que está enfrente, todo forrado de madera con mesas fuera.



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miércoles, 24 de agosto de 2016

BOHOL-PANGLAO


Baño matutino en el río y ruta a Panglao, pasando por el hotel de Tagbilarán para reorganizar el petate ligero que llevaríamos con nosotros.

VUELTA A TAGBILARAN

En cuanto nos levantamos, nos pusimos los bañadores, cruzamos el río a nado por el embarcaderito del resort y seguimos el camino que va paralelo al río por ese margen hasta que no pudimos seguir más. Entonces nos metimos en el agua y medio nadando, medio caminando, donde hacíamos pie, nos acercamos a las cataratas. Fue divertido y refrescante. El agua del río no estaba fría. Tiene un color verde esmeralda, que no permite ver el fondo. Hay que tener cuidado al nadar o andar porque hay troncos y rocas que no se ven.

Pensábamos haber vuelto nadando, ayudados por la corriente, pero el río no tiene casi corriente y 600mts nos parecieron mucho tiempo y empezábamos a tener hambre. Así que deshicimos el camino, como habíamos venido, que además es agradable, pasando junto algunas casitas aisladas. Todavía quedaban algunas mujeres haciendo la colada en el río.

Desayunamos muesli con frutas y yogur, que recomiendo ¡¡¡riquísimo!!!, con el equipaje ya con nosotros, para no tener que subir y bajar el tramo de escaleras y el paseo hasta nuestra cabaña, y nos marchamos rumbo al Nisa Travelers Hostel en Tagbilarán, donde estaban las mochilas. La idea era coger algunas cosas para completar el pequeño equipaje que llevábamos y seguir viaje a Panglao en la moto, dejando el grueso del equipaje allí (donde nos estaban cobrando 50 PHP por día).


PANGLAO

En Panglao nos alojamos en el Calypso Resort (que habíamos reservado), en una habitación con porche, baño, ventiladores y wifi. Las habitaciones y la zona común estaban situadas alrededor de un jardincillo, con árboles y palmeras, y a la piscina. La zona común es agradable. El hotel incluye una moto gratis que intentamos aprovechar: Vic me dio unas nociones para conducirla, y así ir cada uno con una moto, pero me sentí muy insegura pues no solo es manejarla, sino conducirla entre perros, gatos, cabras, gente (¡niños!), motos, triciclos... No me vi con los reflejos suficientes para que la probabilidad de pegármela o atropellar a alguien fuera razonablemente baja...


Después de refrescarnos, comer y descansar, nos acercamos a la playa de Alona, que, al parecer, es la más turística de la isla, incluyendo Bohol... Y cuando la vimos, no entendimos porqué. Un montón de restaurantes, resorts y centros de buceo encadenados y eclécticos, demasiado cerca de la playa. Con marea alta, la playa casi desaparece en algunas zonas. Y en cuando la tarde empezó a dar paso a la noche, la arena se llenó de mesas para servir cenas. Luces, gente, música, vendedores, masajistas... Un poco agresivo para los sentidos, pero después de un paseo por toda la playa, cotilleo de los negocios y unas cervecitas, nos mimetizamos con el ambiente y nos animamos a cenar sobre la arena, cerquita del mar una pizza que nos supo a gloria. Y of course, unos shakes de frutas, que son la estrella por estas tierras.


Preguntamos en un centro de buceo la posibilidad de hacer esnorkel en la isla de Balicasang, pero nos lo desaconsejaron por el viento, que tal y como está entrando, hay muy poca visibilidad en la zona, y nos recomendaron, con mucho acierto (y amabilidad), que fuéramos a la playa de Doljo, donde el mar estaba en calma y la visibilidad sería buena. Así que ese sería el plan para el día siguiente.


martes, 23 de agosto de 2016

BOHOL EN MOTO, SEGUNDA PARTE


Ruta de Ubay a Carmen. Pernoctamos en el Nuts Huts Lodge (antes de Loboc). Por el camino tuvimos un pinchazo.

Nos despertamos sin prisas y desayunamos en un puesto que había frente a nuestro hotel, frente al mar. Platos caseros y alimenticios: pollo, cerdo, tallarines y arroz. Y para completarlo, un bollo con un café en una de las muchas pastelerías que hay por todas partes. Y de paso, dimos un paseo por el mercado. Nos encanta curiosear los mercados, pero los que hemos visto hasta ahora en Filipinas, no nos han parecido muy interesantes. Lo único  que nos ha llamado la atención son las pescaderías por los peces aguja que venden.

"Desayunados y cagados," seguimos ruta motera hasta Ubay (primero por la costa y luego por el interior), y de allí a Carmen, donde comimos un delicioso "lechon madok" (pollo asado) en un restaurante de la carretera principal, adornado con vasijas de barro. Y de Carmen al Nuts Huts Lodge, que está antes de llegar a Loboc y que fue donde nos alojamos.



Al salir de Carmen, nos dimos cuenta de que habíamos pinchado la rueda de atrás, pero tuvimos la suerte de que a pocos metros había un negocio de vulcanizados, donde nos la arreglaron diligente, silenciosa (nadie nos dirigió una palabra), barata y eficazmente (50 PHP).

Llegar al Nust Huts fue una pequeña aventura en sí misma, primero encontrar el desvío, más o menos fácil, prestando atención. Te metes por un camino de sube y baja lleno de baches, piedras y grava. A mitad del tortuoso camino preferí bajarme de la moto para minimizar el riesgo de volver a pinchar o lo que es peor, caernos. Y al final del camino, que se hace largo, te topas con unas escaleras que caen empinadas hacia abajo, desde donde no se ve el final... El lugar se hacía de rogar!!!!. Cansados y sudorosos emprendimos la bajada agradeciendo el poco equipaje que llevábamos, pensando especialmente en la vuelta :-D. Y poco a poco, nos fuimos sumergiendo en un vergel metido en el valle que forma el río. El sitio nos gustó mucho. No habíamos reservado pero nos dieron una cabaña situada al final del resort, a un paseo de la recepción y el restaurante, escaleras incluidas. Con baño, ventiladores y mosquitera en las camas (dos). El resort no tiene wifi. Las cabañas están frente al río, entre árboles y jardincillos (900PHP).

Por la noche vimos algunas luciérnagas flotando en la oscuridad y sonidos extraños comenzaron a sonar. Estábamos en la selva :-). Nos sorprendieron los barcos-restaurante que pasaron delante, navegando por el río con música de viejas glorias en un volumen ligeramente elevado. Menos mal que no fue por mucho tiempo.


El restaurante es muuuy agradable, un balcón asomado al valle, todo de madera y nipa,  con un hilo musical de lo más relajante. Hamacas, colchones, butacas... Muy bonito. Y además tienen mucha información sobre qué hacer en Bohol.