Paseamos por el pueblo y recorrimos los alrededores en moto.
Lo primero que hicimos en cuanto nos despejamos, fue pedir otra habitación, lo que supuso un cambio radical, pasando de la habitación más cutre a la más chula que habíamos tenido hasta el momento en este viaje (275.000Rp). Habitación amplia, forrada de madera, con mosquitera sobre la cama y un servicio con ducha y tragaluz, todo muy cuidado, coqueto y acogedor.
Nos tomamos la mañana con muuuuucha calma, desayunando sobre un estanque con peces de colores y nenúfares, bajo una pérgola techada de madera y cañizo, en un coqueto jardín rodeados de pájaros, muy agradable. El desayuno estaba incluido: café, tostadas con mermelada, nocilla y/o crema de cacahuete, huevos revueltos con tomate fresco, fruta...). Corría una brisa fresca deliciosa y el día luminoso tenía alguna pincelada blanca en el cielo ¡Bua! ¡una gozada! Nos dio pereza emprender la marcha para conocer Tentena.
La ciudad no nos decepcionó. De camino al pueblo, cruzamos el largo puente cubierto (210m) que pasa sobre la parte donde el lago Poso se convierte en el río Sungai Poso y desde donde se divisan las trampas para anguilas que se utilizaban para pescarlas en su retorno al mar. Nos contaron que ya prácticamente no se utilizaban porque las anguilas han sido esquilmadas y que lo poco que se pesca se exporta a Japón.
Dimos un paseo por el pueblo admirando las vistas del lago, el río, el ambiente... Nos llamó la atención lo limpio que estaba y la cantidad de papeleras, que además utilizaban, por todos los rincones.
En el pueblo estuvimos en dos oficinas de información turística. En la primera nos dieron un enorme mapa, fotocopia de un dibujo hecho a mano de la zona, muy simpático. Y por la segunda oficina (junto al puente cubierto) nos pasamos a las 12 am y alquilamos una moto, pues a partir de esa hora nos cobraban solo medio día (60.000Rp). La chica que nos atendió nos dio otro mapa (no tan artístico pero más práctico) y nos explicó de manera más clara, aunque igual de amable, lo que había que ver en la zona: las cascadas, la playa, las cuevas-cementerio y un mirador.
Las cascadas Air Terjun Salopa son muy bonitas (5.000Rp c/u), con gran cantidad de agua precipitándose, deslizándose y rugiendo sobre las rocas. Están en un frondoso, sombreado y fresco bosque. En la parte baja hay merenderos y construcciones para que la gente se acomode (no había casi nadie). Subimos todo lo que pudimos río arriba por el bosque (no nos cruzamos con nadie) y nos dimos un chapuzón en una poza junto a una cascada que hacía efecto jacuzzi y que nos sentó de maravilla, librándonos del calor y el polvo del camino :).
Por la zona vimos muchas plantaciones de cacao y clavo secándose al sol en esteras sobre el suelo. El aire estaba perfumado. Las viviendas parecían casitas de playa, todas de una planta, hechas de madera, con sus vallas, sus jardincillos, y en las calles había banderolas de color marcando las entradas de las propiedades. Nos llamaron la atención unos carteles que tenían todas las casas con varias palabras. Más tarde nos explicó la chica de la oficina de turismo, que eran indicadores y valoraciones de cada casa en criterios como limpieza, belleza, reciclaje, cantidad de verde (plantas)... Al parecer hay consursos municipales de ecología y belleza de las propiedades :)
También nos llamaron la atención las iglesias tan grandes y altas que construyen, como si concursaran los barrios para ver quien tiene la más grande e impresionante.
Antes de enterarnos del problema que hay con las anguilas, intentamos degustarla en alguno de los warungs del centro, pero no encontramos donde la sirvieran, así que probamos murciélago (de lo que más adelante me arrepentí), que no nos gustó nada, demasiado picante, gomoso y lleno de huesitos. Pero el pescado y las verduras que también comimos nos parecieron deliciosas.
Conseguimos sacar dinero en un cajero que había en la gasolinera junto a la estación de autobuses. Menos mal porque estábamos ya muy justos de rupias y el otro cajero que estaba en el centro no nos admitió la visa.
Nos acercamos a la Latea Cave, situada en un sombrío y húmedo bosque con árboles espectaculares. Tenía enterramientos muy antiguos en la pared y en las oquedades rocosas. Los ataúdes, al aire libre, estaban podridos y algunos deshechos, había huesos amontonados y calaveras colocadas mirando hacia el exterior. Me daba la impresión de estar en una isla de piratas. El sitio es pintoresco: el bosque, las cuevas con los restos y las rocas de la pared que parecían de madera petrificada.
Y finalmente, ya justos de tiempo, nos acercamos al "mirador", que fue simplemente subir a una colina desde la que se divisaba el lago, el pueblo y el río. La vista no era espectacular pero si agradable.
Dejamos la moto a las 5:20pm y nos relajamos en el hotel bajo la pérgola del jardín hasta que se hizo de noche. En la oscuridad, tenues puntos de luz verde volaban aquí y allá y escuchamos el croar de alguna rana o algún chapoteo en el estanque. ¡¡¡Estábamos en la gloria!!! pero no habíamos cenado así que, con bastante pereza salimos en busca del restaurante que nos había recomendado la chica de la oficina de información, y que está en la carretera entre la estación de autobuses y el centro del pueblo. Y fue un acierto porque cenamos unos deliciosos pescados a la brasa, acompañados de verduras, arroz y salsa picante, para chuparse los dedos y por solo 56.000Rp (unos 4€!!!). Además, fuimos los únicos comensales en ese tiempo :).
De vuelta en el hotel, vimos llegar a los viajeros que venían de Rantepao, entre ellos Aitor que venía hecho polvo ¡¡¡qué nos iba a contar!!! ;P. Nos pidió unirse a nosotros en el viaje del día siguiente a Ampana, que habíamos acordado con la pareja de franceses con la que llegamos. Lo consultamos con ellos pero no aceptaron porque dijeron que íbamos a ir demasiado apretados... Nosotros pensamos que sí habríamos podido ir bien los 5, pero nos conformamos porque habían sido ellos los que buscaron el coche. De hecho, más adelante, en una circunstancia parecida, viajamos 5 pasajeros en un coche parecido...
También nos llamaron la atención las iglesias tan grandes y altas que construyen, como si concursaran los barrios para ver quien tiene la más grande e impresionante.
Antes de enterarnos del problema que hay con las anguilas, intentamos degustarla en alguno de los warungs del centro, pero no encontramos donde la sirvieran, así que probamos murciélago (de lo que más adelante me arrepentí), que no nos gustó nada, demasiado picante, gomoso y lleno de huesitos. Pero el pescado y las verduras que también comimos nos parecieron deliciosas.
Conseguimos sacar dinero en un cajero que había en la gasolinera junto a la estación de autobuses. Menos mal porque estábamos ya muy justos de rupias y el otro cajero que estaba en el centro no nos admitió la visa.
Y finalmente, ya justos de tiempo, nos acercamos al "mirador", que fue simplemente subir a una colina desde la que se divisaba el lago, el pueblo y el río. La vista no era espectacular pero si agradable.
Dejamos la moto a las 5:20pm y nos relajamos en el hotel bajo la pérgola del jardín hasta que se hizo de noche. En la oscuridad, tenues puntos de luz verde volaban aquí y allá y escuchamos el croar de alguna rana o algún chapoteo en el estanque. ¡¡¡Estábamos en la gloria!!! pero no habíamos cenado así que, con bastante pereza salimos en busca del restaurante que nos había recomendado la chica de la oficina de información, y que está en la carretera entre la estación de autobuses y el centro del pueblo. Y fue un acierto porque cenamos unos deliciosos pescados a la brasa, acompañados de verduras, arroz y salsa picante, para chuparse los dedos y por solo 56.000Rp (unos 4€!!!). Además, fuimos los únicos comensales en ese tiempo :).
De vuelta en el hotel, vimos llegar a los viajeros que venían de Rantepao, entre ellos Aitor que venía hecho polvo ¡¡¡qué nos iba a contar!!! ;P. Nos pidió unirse a nosotros en el viaje del día siguiente a Ampana, que habíamos acordado con la pareja de franceses con la que llegamos. Lo consultamos con ellos pero no aceptaron porque dijeron que íbamos a ir demasiado apretados... Nosotros pensamos que sí habríamos podido ir bien los 5, pero nos conformamos porque habían sido ellos los que buscaron el coche. De hecho, más adelante, en una circunstancia parecida, viajamos 5 pasajeros en un coche parecido...
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