jueves, 4 de septiembre de 2014

BATUPUTIH. RESERVA TANGKOKO


Mañana de avistamiento de animales en la Reserva Tangkoko, tarde de playa. Reserva de coche para volver a Manado al día siguiente. 

A las 4am nos encontramos con Sakar para buscar monos en la Reserva Tangkoko. Hicimos un desayuno rápido y de compromiso con unos cafés y unas pastas que habíamos comprado el día anterior.

Era noche cerrada. Accedimos a la reserva por una entrada que está justo enfrente de nuestra "homestay", cruzando un riachuelo. Anduvimos a la luz de las linternas y pagamos la entrada al parque que nos serviría para poder entrar y salir a lo lardo del día.

Nos internamos en el bosque por caminillos y sendas y anduvimos durante una hora más o menos en la oscuridad. Oíamos pasitos rápidos correteando entre la hojarasca a nuestro paso. Sakar nos informó que eran ratas e intentó localizar alguna con la linterna que medio adivinamos porque eran muy rápidas. Al parecer estas ratas son cazadas para comer y de hecho, las vimos más adelante en un mercado.

El primer objetivo era ver a tarseros justo en el momento en que se retiran a dormir porque amanece. Los guías del parque tienen localizados varios árboles-dormitorio donde saben que los tarseros van a dormir. Llegamos al primer árbol, un impresionante ficus con el interior vacío al haber desaparecido el árbol al que estranguló. 

Nos sentamos en un tronco caído a esperar. Eran las 5am y no tardamos en oír los sonidos de los monos, unos cantos agudos, que parecían de pájaro y que nos envolvieron, como si estuvieran alrededor, pero sin poder verlos. Esperamos para verlos llegar al árbol-dormitorio pero no llegaban... así que Sakar nos hizo levantar y seguirle rápidamente para intentarlo en otro de los árboles-dormitorio, localizándolos por el sonido. Son muy difíciles de ver porque son pequeños, como la palma de mi mano, del color pardo de la corteza de los árboles y muy saltarines. A duras penas vi uno en esas condiciones... Sakar empezó a ponerse nervioso porque se dio cuenta de que los tarseros en esta ocasión no se dirigían a ese segundo árbol. Nos guió a otros tres árboles-dirmotorio de los alrededores sin ver ningún tarsero, aunque seguíamos oyéndolos dentro del bosque. Mientras nos dirigíamos a un cuarto árbol lo más rápido que pudimos, Skar nos anunció: "última oportunidad..." Pero síiiii, allí estaban, cinco monitos mirándomos con esos grandes ojos redondos desde una enorme grieta que tenía el árbol en su corteza.



Los tarseros son monitos que viven en familias de 4 o 5 miembros, pero no se parecen a un mono salvo por las manos y los pies prensiles. Tienen unos enormes ojos con los que se desenvuelven y cazan insectos en la oscuridad. Skar les puso saltamontes que llevaba para la ocasión, en una rama cercana y uno de ellos se atrevió a saltar desde la grieta a la rama para atrapar uno ¡Precioso!

Ya amanecía y los tarseros se escondieron definitivamente, así que ahora tocaba buscar macacos negros que estarían desperezándose ante el nuevo día. Tuvimos que andar hasta localizarlos, pero allí estaban, una familia enorme con adultos, adolescentes, jóvenes, bebes, unos jugando, otros espulgándose mutuamente, algunos buscando comida, otros observándonos, aunque sin demasiado interés, y nosotros en todo el medio. Había unos cuantos turistas más con sus guías, todos cámara en mano, ávidos de imágenes y recuerdos de la escena. Los macacos parecen muy pacíficos y son muy confiados porque la gente lleva visitándolos como 7 años, según nos dijo Skar. Fue un lujo verlos en su cotidianidad y poder seguirlos sin perturbarlos demasiado.

Además de los monos, vimos unos impresionantes hornbil, enormes y de vivos colores, otras aves (martines pescadores, córvidos endémicos de esta zona, etc.), y "adivinamos" un perezoso en lo alto de un árbol.

A las 9am nos encaminamos a nuestra "homestay" con ganas de sentarnos un rato y de desayunar en condiciones. Y el resto de la mañana la pasamos por allí leyendo y escribiendo.

Después de comer (se comía a las 12am), nos fuimos a la playa del parque (entramos con el pase que habíamos sacado por la mañana), y allí estuvimos hasta las 5pm. La playa era preciosa, de arena negra mezclada con partículas y trozos blancos de coral. Además estaba bastante limpia. Tenía árboles con ramas que se extendían lánguidas hasta la orilla dando una sombra fresca bajo la que relajarse y disfrutar del entorno. Nos pegamos unos chapuzones con las gafas y vimos coral. A primera vista no había muchos peces (claro, ahora teníamos el listón muy alto tras los buceos en las Tongian y Bunaken...), pero el fondo era bonito, y con un poco de atención y paciencia vi cosas muy interesantes, que no había visto hasta ahora: una roca totalmente tapizada de anémonas con vejigas en las puntas de los tentáculos y habitada por un montón de peces payaso, de diferentes tamaños, a los que estuve haciendo rabiar un rato ;P. En un hueco vi una morena rayada como una cebra, enorme. Pensé que era un pez y le di con un palo para ver si salía, entonces empezó a enroscarse (parecía una serpiente) y finalmente sacó la cabeza y se me quedó mirando (¡glub!). También había estrellas del color de la arena, holoturias y algunos peces curiosos y llamativos.

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