lunes, 12 de septiembre de 2011

PUERTO JIMÉNEZ

Hoy disfrutamos del pueblo Puerto Jiménez. Vimos cocodrilos y disfrutamos de su playa y su tranquilidad. Además compramos los billetes para San José del día siguiente.

A las 6am salí al corredor de nuestro hotel y la mañana me recibió con aire fresco, cielo limpio y el gorjeo de un montón de pájaros que revoloteaban en los árboles de alrededor y los cables de la calle, frente al corredor. Desayunamos en la soda donde comimos el día anterior y luego fuimos a ver cocodrilos en una charca rodeada de manglar que hay pasado el restaurante de la playa donde terminamos ayer el día (los Delfines). Vimos tres cocodrilos, uno bastante grande y fuera del agua. Nos llamó la atención la pacífica convivencia que parece haber entre estos animales y los humanos que habitan tan cerca.


Después buscamos el jardín botánico, pero después de andar un montón por caminos residenciales y tener que preguntar varias veces, desistimos de llegar. Estábamos bastante sudorosos y molestos de no ver ninguna indicación del lugar (aunque ya habíamos conseguido unas indicaciones más precisas de por dónde quedaba). Así que decidimos cambiarlo por una cerveza y una limonada en Los Delfines, de la playa. Y de hecho allí estuvimos hasta las 2.30pm. Yo regresé a la cabina y volví con el bañador para pegarme un chapuzón en la playa. Por el camino fotografié algunos guacamayos rojos que estaban en los alrededores del campo de fútbol. Había bastantes, volando sobre el campo, de unos árboles a otros y armando bastante escándalo de griterío ;p.

La bahía es muy bonita (es el Golfo Dulce) y el mar aquí parece estar siempre en calma, lo que es ideal para el baño, aunque la playa no sea tan bonita como las que hemos visto hasta ahora. Leímos y comimos allí, disfrutando de la sombrita, la brisa marina, y de una tromba de agua que duró poco. Después nos acercamos de nuevo a ver los cocodrilos, y vimos unos cuantos más que esta mañana, y más cerca (dentro del agua). Eran medianos.

El resto de la tarde la pasamos en el Restaurante Carolina con unos zumos y enganchados al wifi. El pueblo estaba muy animado y el ambiente nos gustó.

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