Hoy llegamos a Manzanillo, buceamos en su playa y disfrutamos de la tranquilidad del pueblo.
Desayunamos unos pintos con huevos y cafés
(5060CRC) :). Después intentamos ver un ranario que mencionaba la guía que
llevamos, pero ya no existe, así que recogimos y nos fuimos a la estación de
autobuses donde cogimos el siguiente a Puerto Viejo de Talamanca (1270CRC). Sin
embargo, una vez comprado el billete, decidimos
seguir hasta Manzanillo, así que en Puerto Viejo, cogimos otro autobús a
Manzanillo. Podíamos haberlo hecho directamente desde
Cahuita (ahorrando tiempo y seguro que dinero), pero fue una decisión sobre la
marcha. Pensamos que Manzanillo sería una población más tranquila y más cómoda
para visitar el Parque Manzanillo.
En Manzanillo nos
recibió Pablo Bustamante, el dueño de las Cabinas Manzanillo. Cogimos una de
las cabinas dobles de abajo (11000CRC), seguramente menos romántica pero más
fresca que las de arriba, agradables, frente a un bosque. Me encanta tener
árboles cerca porque es una gozada despertar con el canto de los pájaros.
Hicimos colada, comimos unos casados en la soda El Rinconcito Alegre (7000CRC), muy sencilla y tranquila y luego nos fuimos a hacer snorkeling, dejando las pocas cosas que llevábamos camufladas bajo hojas de palmera en la playa. Nos zambullimos en un mar en calma, calentito y cristalino. Durante la comida había llovido un poco pero ahora asomaba un tímido sol que iluminaba con una bonita luz dorada la playa solitaria.
Llegamos hasta una zona de coral nadando en
dirección a unas rocas que sobresalían, a unos metros de la costa y allí nos
quedamos disfrutando de los peces y el movimiento de las algas. Íbamos casi
vestidos, con camisetas y pantalones cortos debido a las quemaduras solares de
Cahuita. Había mucha vida (aunque no muy variada). Vimos una morena pequeña y un
banco de sepias del color del fondo, costaba distinguirlas. Estuvimos a remojo
como hora y media.
Por la tarde compramos el desayuno para el día siguiente en un super (2250CDR) y ya de noche, dimos un paseo por la playa en dirección contraria al pueblo y al parque. Se nos hizo noche cerrada y a la vuelta a penas veíamos dónde pisábamos. Fue un paseo muy agradable.
Con
el rumor de las suaves olas como banda sonora, el tenue reflejo de la arena
mojada y de las estrellas en el mar, el destello intermitente verde pálido de
las luciérnagas sobre la negra espesura del bosque y los destellos verde pálido
del plancton en el agua al meter los pies... Fue mágico.
No hay comentarios:
Publicar un comentario